Digamos que llegas a la cuadra dieciocho de la avenida Universitaria (y créeme que sucederá a menos que pertenezcas a la temible Pipiris Nais y jámas tengas que pisar San Miguel) y te encuentras con el sujeto que vende algo parecido a yuquitas fritas en bolsas que en algún momento fueron de papel pero debido al aceite ahora son transparentes. Eres joven e idiota así que dices al diablo y te comes una bolsa de eso. El viaje metafísico al cual tu cuerpo es sometido trás esa fuerte ingestión de...lo que diablos sea lo que acabas de comer te lleva a tomar decisiones estúpidas como, no sé, entrar a la Universidad Católica. Sigue leyendo y puede ser que sobrevivas.

La avenida Universitaria es el primer obstáculo de muchos para entrar a la Pucp, y pasarlo con éxito es aún más difícil que el examen de ingreso. No, espera, muy fácil la analogía (¿qué es una analogía?), es como decir que es más fácil que pestañear. Bueno, ustedes sabios filósofos saben a qué me refiero.

Hora de dentrear a la universidad
Entrar a la universidad es un ritual de todos los días, algunos podrían tomarlo como un hecho trivial pero esos algunos son unos idiotas. Cada estudiante sigue paso a paso su propio ritual de entrada. Algunos tienen el reproductor de música en pausa y esperan a estar parados en la puerta para que reviente en sus orejas "La camisa negra" de Juanes y llegar a un éxtasis académico, las chicas utilizan la telekinesis para encoger sus pantalones y verse regias. En cuestión de lentes de sol, mientras más fastidiado e iracundo se te vea con los lentes puestos, a pesar de que tu cara sin lentes parece como si metieras un autogol cada segundo del día, más rechevere serás y para las chicas, de nuevo valiéndose de la telekinesis carácterística de las mujeres, mientras más grandes sean tus lentes de sol, la gente te estimará más por tu intelecto que por tu físico. Es requete sabido.
El Tontódromo
El tontódromo es la vía principal de la universidad y todos la usamos diariamente. ¿Qué se puede decir de una vereda anchota? No mucho. Si eres un chequeador de flacas amateur este es un buen lugar para chequear. Lentes de sol y una banca solitaria son los requerimientos básicos para esta práctica milenaria.
Cerca a la entrada y frente a Cafetal hay algunos paneles donde la gente pone lo que le da la gana. Aquí fue donde me di cuenta de que el estudiante promedio de la Pucp se vuelve un arma letal si es que se le da un plumón y se le coloca frente a alguno de estos paneles, también me di cuenta de que les encanta dibujar penes.
La Biblioteca Central
Si doblas a la izquierda en el Tontódromo, pasando un poco los paneles, encontrarás la Biblioteca Central, biblioteca que fue por muchos años la más grande del país. Actualmente, no sé ni importa para esta Guía ya que mi consejo es el siguiente: juntate con tus pseudo-amigos de la universidad y cada ciclo jueguen "El que evite la Biblioteca Central durante todo el ciclo y pasa gana" pueden apostar una jarra de chicha de jora.
La lectura en la Católica es una de esas cosas de las que se vanaglorian (alerta de uso de palabra sin conocer su significado) ante todo el país. El estudiante de la Pucp lee más que cualquiera, lee más que Matusalén en vacaciones de verano. A todos les llega a hartar todo el asunto ya que, de cada 5 lecturas una será levemente entretenida y cero punto setenta y cinco de las lecturas tendrán que ver con sexo en la reserva del Manu.
Pero no te deprimas, joven protagonista del cambio, aún hay mucho que ver y disfrutar en la PUCP. Un ejemplo:

Intentos de violación aleatorios y gratuitos en el Tontódromo y gente que mira porque "Ay el Erick se pasa ja ja ja". ¿Nos sentimos mejor? Claro que sí.
Cómo caminar bravazo en la universidad
Cabizbajo y sensual. Camina como yo, cabizbajo y sensual. Será un poco difícil acostumbrarse al principio pero luego será sumamente gratificante. El dueño de la Católica (¿Quién es dueño de la Católica?) ya se ha dado cuenta de mi estilo a la hora de caminar e incluso ha modificado el enfoque de su publicidad para acostumbrarse a mi sex appeal. El resultado:
Jódete, tortuninja de la católica (me pregunto cuánta gente se habrá sentido vivaza al pisarle la cara al tipo). No quiero leer, no quiero leer, no quiero leer es lo que me repetía una y otra vez, odiando cada vez más al dueño de la católica hasta que vi a unas cachimbas en algodón.
La Feria del Libro
Cada año o cada ciclo, qué sé yo, hay una feria del libro frente a la cafetería de Artes. Siempre están los mismos libros, las mismas tiendas y la misma falta de historietas que no sean puro porno (te estoy viendo, contracultura) a excepción del stand de la editorial Estruendomudo (mensaje subliminal: compra ahí).
La última vez me estuve paseando como 40 minutos por ahí -las cachimbas son como ninjas- y la conclusión es que es la misma Feria del Libro de siempre, la única ventaja es que puedes cargar el costo de lo que compres a la boleta y hueveas a tu padre de una manera pajita (y ¡es cultura!).
